Prácticas, becarios y la primera decepción

Prácticas, becarios, decepción

A casi todas las carreras universitarias se llega por vocación y a la de Periodismo especialmente: viajes, conocer y relacionarte con gente famosa, hacer reportajes y entrevistas interesantes, estar en el centro de la noticia, de los acontecimientos que interesan a tus conocidos, tener información privilegiada, destapar exclusivas y primicias… Yo llegué porque quería ser corresponsal de guerra… ¡Y la guerra del Golfo me pilló en una redacción de Palencia! Pero aun así, conseguí entrevistar a un refugiado kuwaití que me dio información muy interesante que por supuesto publiqué.

Ahora muchos estudiantes simultanean las prácticas con la carrera. En mi caso, las prácticas y un contrato de becario llegaron cuando ya era licenciado en Ciencias de la Información. Comencé a trabajar en la redacción central del diario Alerta en Santander. Una redacción formada por un equipo extraordinario de buenos periodistas. Mi mesa, me ordenador, mi extensión telefónica… Me sentía periodista.

Reportaje largo

Los primeros trabajos fueron la reelaboración de notas de prensa, asistencia a ruedas de prensa, pequeñas informaciones de cosecha propia con información que conseguía por teléfono… ¡Todo muy guay! Hasta que llegó mi primer reportaje largo; una información sobre trasplantes en el hospital de Valdecilla, con entrevistas a pacientes con órganos trasplantados… Una página entera de reportaje firmado por mí. Me sentía bien, me gustaba lo que hacía y me sentía importante con mi firma plasmada en la página del periódico.

Escribía rápido y los expertos redactores no me corregían mucho, así que no lo debía de hacer tan mal. Hasta que un día, el jefe de Local me propuso que me hiciera cargo del suplemento comercial que el periódico iba a sacar con motivo de una feria del automóvil en Torrelavega. Me presentó al comercial que contrataría la publicidad y que me diría a quién debería entrevista para elaborar los contenidos. Total que me hice 36 páginas en tres días. Trabajé sin descanso de nueve de la mañana a una de la madrugada.

Catálogos como fuente de información

La información la elaboré con los catálogos de los coches; las entrevistas a los gerentes de los concesionarios que más dinero habían invertido en publicidad en el suplemento… No era el trabajo que más me motivara, no me sentía bien, ni me sentaba bien que un comercial me dijera qué tenía que hacer y cómo tenía que hacerlo: “Ya sabes, déjale bien, di que es muy listo, que eso le gusta y así seguirán metiendo más dinero en el periódico. Estos tipos tienen dinero, pero lo que más les gusta es aparecer en los periódicos. ¡Y por eso pagan!

Cuando el suplemento salió, muchos fueron los compañeros (bueno, los periodista de plantilla) que me felicitaron, no por la calidad de la información, sino por la rapidez con que lo había hecho. Eso hizo que otros comerciales pidieran al jefe de Local que me asignara a mí para la elaboración de otros suplementos, porque ya se sabe que contratan publicidad hasta el último minuto y necesitaban a alguien dispuesto a redactar contenidos también hasta el último minuto. ¡Pero eso no era lo que yo quería! ¡Y el colmo fue cuando me enteré que el comercial con el que hice el suplemento de coches ganó por ese suplemento medio millón de pesetas en comisiones y yo las 35.000 pesetas al mes que me pagaban por mi condición de becario.

El trabajo empieza a ser repetitivo

Después de tres meses en esas condiciones ya me hicieron un contrato laboral, tampoco muy bien pagado, pero contrato laboral que se ajustaba al convenio al fin y al cabo. Ya dejé de hacer suplementos y pasé a hacer información local, en la sección de Economía y en la de Deportes los domingos, que me pagaban aparte. Volvía a estar contento.

Pero también comprobé que el trabajo empezaba a ser muy repetitivo: notas de prensa, ruedas de prensa, alguna información de elaboración propia nada trascendente… Eso no era para lo que yo había estudiado Ciencias de la Información. A mí lo que me gustaba era el reportaje en profundidad, la entrevista larga a personajes interesantes… Y eso en un medio de comunicación de provincias era muy difícil de ejercer. Sí es cierto que en cuanto tenía oportunidad o una idea, le pedía a mis jefes que me permitieran hacerla y nunca se negaban. Pero claro, la información del día era lo primero y las dos páginas que teníamos que llenar cada redactor dejaban muy poco tiempo para otras iniciativas. ¡Ahí empezó un poco la primera decepción!

Publicado por Jesús Nieto

Licenciado en Ciencias de la Información, máster en Marketing Digital, periodista y escritor, profesor de Periodismo, Marketing y Emprendimiento...

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